28 de abril de 2010

MUNDO AL REVÉS

Estaba viendo la tele y me encontré con un programa llamado "Argentina para armar" (interesante título, suena a faena imposible). Resulta que visitaban a la conductora personas extranjeras que habían decidido venir a vivir a Buenos Aires por decisión propia. No los mandaban de ninguna empresa, no tenían lazos familiares con el país ni nada por el estilo. 
Intentaban, con el ritmo cancino de la calma primermundista, dar sus razones a semejante delirio.

Generalmente no me engancho con estos programas porque de movida, Maria Laura Santillán me cae pésimo. Pero la presentación del tema fue lo suficientemente convincente como para quedarme frente a la TV. Si los ejemplares estaban bien elegidos y la idiota de Santillán hacia las preguntas correctas, entonces habría respuesta a eso que muchas veces me pregunto: "Que carajo hacen acá éstos tipos?"
Porque una cosa es ser turista en Buenos Aires, y eso lo entiendo bien, porque la verdad es que la ciudad es infernal en su oferta cultural y rica en sus matices e inclusive en su historia. Pero estos tipos dejan todo en Europa o en USA y se vienen a instalar sin que nadie los llame.
Necesito saber que los moviliza a exponerse a semejante quilombo de país.

Yo entiendo que siempre pasa algo así: los que viven en un lugar son muy propensos a ver las cosas negativas con más énfasis y, de alguna manera, les cuesta salir del huevo y con facilidad critican hasta lo aceptable (me incluyo). Y los que vienen de afuera, bueno, tienen esa fantasía de que esto es fabuloso, único, nuevo, extraño y pintoresco. Me pasa a mí en Nueva York, supongo que les pasará a ellos aquí.
Ahora, no hicieron estos tipos todas las investigaciones previas antes de venir a instalarse? Van a tener que lidiar con un país muy jodido, con gente que no respeta una puta norma, y se van a comer un garrón tarde o temprano.

Volviendo al programa en cuestión, había un gringo que vino a vivir acá hace 5 años después de "leer Borges y escuchar Piazzolla" (sic). O no se sabe explicar bien o es un verdadero imbécil. Yo no me voy a ir a vivir a Manhattan porque adoro a Woody Allen o me gusta Talking Heads. No me voy a ir porque no tengo nada que hacer allá más que boludear y cagarme de hambre. Aparte, a éste gringo ("Grant"), pese a que se le entendía pefectamente, se le pegaron todos los modismos porteños ("Viste?") pero con el acento yanqui que los delataba forzosos. A que estamos jugando? Si el tipo siente que todavía necesita quedar bien con los locales para adaptarse, lo mejor es que se vuelva a Oklahoma y se saque la presión linguistica de encima.

También había una chica belga. Ella aceptaba con hidalguía que debería volverse a Bruselas en 2 meses en caso de no conseguir un buen trabajo. Hasta ahí sonaba todo bien lógico, pero cuando Santillán le preguntó que cosas no le gustaban del país, ella dijo "Que los hombres me digan que no existe la amistad entre el hombre y la mujer, no tolero que no pueda pensar en tener amigos hombres sin que ellos quieran otra cosa de mi".
Pobre chica. Justamente por eso no encuentra trabajo. Si no se adapta a la primerísima máxima machista nacional solo le queda empezar a empacar las fotos del obelisco y volverse al primer mundo.

Humildemente, no parece mal que lo intenten. Me resulta un tanto incomprensible: ha de ser un trabajo extremadamente difícil adaptarse a éste país desde la nada misma. Principalmente porque lo primero que hemos perdido todos los de ésta tierra es la ilusión, la tolerancia, y la firme convicción de que ésto tiene arreglo. Ellos tienen que convivir como extraterrestres con nuestro innato escepticismo. Nos queda a nosotros, sin embargo, la elegante pirueta intelectual de reírnos constantemente de nosotros mismos y aprovechar alguna buena época, de ésas que aparecen de vez en cuando para darnos esperanza.
Pero no subestimo el encanto que produce el caos, lo desconocido y lo desordenado. La fascinación de someterse al tercer mundo maquillado entre autos importados, clase media resistente y arquitectura europea.

Ellos, los visitantes/residentes, no tienen la carga propia que nos pesa a nosotros por ser parte natural de la gran nación que nunca fuimos. No serán nunca los eternos hijos bobos de Perón y los milicos. Y tampoco se sentirán responsables indirectos del país que jamás aprende las lecciones. El país que desperdicia cada una de sus oportunidades hasta el punto de ya no poder distinguir entre lo bueno, lo malo y lo patético.

Compatriotas, sigamos así; firmes, resistentes. Contentos porque inventamos la birome, el bypass y el dulce de leche. Pero también conscientes que todavía seguimos esperando....la carroza.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La razón es simple, mejor cabeza de raton que cola de Leon... Gente frustrada viene a borrar su pasado en la ratonera... Lo que no saben es que los Argentos somos todos el raton Jerry, la pasamos como el culo en la ratonera pero cuando vamos a la casa de Gato le pasamos el trapo. SIEMPRE HAY UN CEO, CIENTIFICO, PUBLICISTA o ARTISTA argentino exitoso en el mundo del Leon y mucho gatito que viene a ser cabeza de raton y termina sin queso.

Anónimo dijo...

los argies somos asi.
por ahora me quedo donde estoy...

Anónimo dijo...

Refundamos nuestro país cada cuatro u ocho años, eso es como vivir naciendo y por lo tanto nunca crecemos. Será por eso que estos tipos vienen para acá, en busca de esta fuente de juvencia?