12 de marzo de 2010

EL MÉTODO FRANK

Mientras surfea las calles pestilentes, encuentra la inspiración para las más horrendas historías.
Bueno, la inspiración realmente no existe. Es sólo una escafandra para la desgracia.

Miedo? No. Curiosidad? Tal vez. Alguna vez te internaste, a medianoche, en el lado salvaje de la ciudad?
Resultó ser una escena repetida y elocuente. El "ghost writer" de un encumbrado novelista tiene un único método que funciona: exponerse al peligro, a la inconmensurable tentación de sentir que nunca más volverá a casa.

Pero el tipo no es idiota; antes de sumergirse en la noche profunda se encarga, minuciosamente, de meter un cuchilo a cada lado de su pantalón. Ese es su equipo de supervivencia; cuchillos, una pequeña libreta, y un par de bolígrafos. Cuando llega la hora señalada, empieza a caminar casi sin freno, lo hace por varias cuadras y se detiene en esquinas elegidas al azar. Allí toma nota de ésas raras sensaciones que cruzan por su mente: las escupe por sus dedos y sigue su camino. Todas esas libretas húmedas y arrugadas tienen la magia que luego se tranformaràn en su obra. Pueden ser frases, palabras, o a veces, mínimos relatos de ocho renglones.

Hasta aquí, todo ésto no parece tan extraño. Los artistas buscan la luz divina de la inspiración en cualquier lado. Puede ser un amor o una lata de galletas. Una carta, o el recuerdo de unas tetas.
A Frank ya le jode bastante ser el ilustre desconocido que empuña la pluma en nombre de un estúpido y engreído best seller. Y entonces, el verdadero reconocimiento, además del jugoso cheque de la editorial, proviene de sus andadas nocturnas por los barrios difíciles.
Ya lo han acuchillado un par de veces, y golpeado otras tantas. Y los mismos policías le han dicho que no sea tan imbécil en nombre del arte: no piensan velar por su integridad física otra vez, y si hay una próxima vez, será para meterlo en una bolsa de plástico y no verlo nunca más.

Para Frank, había solo un lugar en el cual sentía que estaba vedada su presencia. Ese pasadizo estrecho que roza las casas abandonadas al costado del río. Algo le decía que por ése sitio no debía circular. Que nadie vivía allí y, por lo tanto, ninguna voz se escucharía. Grillos, ratas, pasto mojado y el ruido de sus propios pasos no parecían ser los sonidos que formaban parte de su imaginario de escritor.
Pero una noche directamento lo hizo. De manera automática y extraña, ni siquiera se detuvo en las varias esquinas anteriores para tomar sus notas. Claramente sintió una fuerza extrema que lo empujó a dirigirse al maldito pasadizo. Quizás porque las notas de sus noches anteriores le parecian espantosas, insípidas. O lo que es peor, quizás porque "el método" ya no funcionba más.

Al llegar al lugar, Frank sintió aún mas desolación. Ni siquiera sus pasos escuchaba. Un ataque de furia lo condujo a hacer lo que jamás hubiese hecho. Tomó la libreta y los bolígrafos y los revoleó al río. Pensó que si el "método" había llegado a su fin, entonces tampoco su vida tenía sentido. Lo único que le quedaba en ese momento era la angustia, un par de cuchillos, y muchas preguntas sin contestar.

A partir de esa noche, Frank se las ingenió para hacer de su vida un desastre. La enseñanza fue tremenda: sus últimos escritos ya no eran nada, solo un presagio del final inevitable. La noche del pasadizo fue la manera más amarga de insistir por algo que se había terminado. Y cuando uno hace eso, fingir que busca una última oportunidad cuando en realidad ya no existe, el resultado termina pegándonos en la cabeza con un palo de metal.
Lo que termina, termina. La vida nos avisa de las formas mas extrañas o mas simples.
Y entonces solo quedarán los cuchillos, como le ocurrió a Frank.

Todo se resume a éso: nosotros y nuestra capacidad para saber cuando, como y a quien clavar los malditos cuchillos. Quizás, habrá que pasar un buen tiempo dentro de nuestras propias cabezas, y esperar allí el momento adecuado para proceder.
O mejor aún, enfundar los cuchillos para siempre. Y no esperar nada.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuchillos,dientes,votos, deben esperar siempre el momento adecuado para ser utilizados merecidamente.

Anónimo dijo...

Muy bueno Mr Rampant...Cada dia me sorprende mas con sus escritos....Felicitaciones!