Mamita! Una historia real que no admite medias tintas. Un tipo que tiene las venas atadas al síncope carnoso. Una noche de barbarie en las pistas y el final atroz, depravado y glorioso entre las máquinas de humo y los espejos de colores.
Me entristece mucho lo que le ocurrió a Ricky Valente. Le tenía, hasta se puede decir, afecto. Por supuesto que odiaba su gusto musical y sus espantosos zapatines blancos. Pero la verdad es que casi ya ni me molestaban. Creí haber llegado a comprender su pasión, su fiebre, su sudor inmundo que chorreaba de esa camisa de polyester con flores verdolagas.
El siempre me decía que yo era un rocker y que moriría allí, discutiéndome entre la distorsión bluesera y los gritos desamparados. Por ahi hasta tenía razón. No sé.
"Puedo apreciar a un tipo que disfruta tanto ésta música de mierda?" era la pregunta que me hacía a mi mismo con una recurrencia casi habitual. Y si, lo simpático borroneaba el disgusto visual y la desgracia auditiva que él y su circunstancia me producían.
Ricky tenía ese conocimiento visceral de la musica latina y todas sus versiones. Hasta las malas versiones. Podía defender el reggaeton solamente por su origen o porque Calle 13 tiene buenas letras. Es como que yo defienda a Bon Jovi porque usan guitarras.
Las noches histéricas llenas de tragos, sopletes y pachanga eran su reino, y las morochas pulposas a merced del desenfreno, su territorio propio e ineludible.
Miami, ritmo latino, toda esa mierda. A tope. A todo vapor. Ricky en su salsa. Y digo salsa en todo el sentido de la palabra.
Y ojo que el tipo bailaba mejor que Madonna. No es joda, hay que moverse asi sin dislocarse algo o quedar como un estúpido.
La verdad, esa noche en esa fiesta a mi la situación me generaba temor. Sabía que, por la naturaleza de los invitados, en cualquier momento el bossa lounge se transformaría raudamente en la música preferida de Ricky. Y de millones, para que negarlo. Y que la pista se iba a llenar de euforia y yo, manso y cabizbajo, me iría a la barra a tirarme whisky hasta en los ojos. Cualquier cosa antes de entregarme sobrio al pulso caribeño.
"Esta cancion es taaaaaan chévere!!!". Mierda: escuché éso y sabía que venía el show de Ricky y que mis opciones se acotaban a casi cero. O disfruto viéndolo llevarse la noche por delante, o vomito arriba de algún culo flotante de una puertorriqueña que pasa por la barra para llegar a la pista.
Ricky lo hizo. Las chicas a su alrededor. Los tipos tratando que copiarle los pasos sabiendo que pueden morir en el intento. No faltaba nada. Ricky Valente era una fiera imposible de domar.
Se acercó al parlante gigante que desgranaba munición gruesa (y grasa) de ese ritmo asesino (y estoy siendo literal). En realidad se acercó demasiado para mi gusto. Movía el culo de forma rara y a mi ya me daba un poco escozor (asco?).
Y pasó algo raro. Realmente raro. Yo pensé que se le había trabado el pantalón en el parlante o algo así. O que algún borracho lo estaba tironeando. Ricky tenía la cara desfigurada de miedo pero todos seguían bailando. Y se veía claramente como se iba metiendo adentro del parlante como si fuese una caracol. El aparato directamente se lo tragó. O él mismo se intrujo allí sin perder el ritmo, claro. Jodido momento. Pero muy natural por cierto, porque a nadie le importó un bledo. Pensarían que era parte del show.
Pero de mi se apoderó el espanto, y después de 5 minutos me di cuenta que no se trataba de un truco y fui a buscar a Ricky adentro del parlante. No hubo caso. No quedaba nada de él.
Me detuve a pensar en los riesgos que corre la gente que siente tan profundamente ese tipo de música. Realmente pueden desaparecer en cualquier discoteca o fiesta sin dejar rastros, como pasó con Ricky. El día que él no pudo diferenciar a Celia Cruz de Thalía, se cavó su propia tumba. Y el maldito parlante se lo tragó en nombre de la gente de sangre caliente. Nadie le avisó que no se podía inmolar de esa manera sin antes saber cual era el verdadero ritmo y cual, la porquería flagrante que lo había confundido.
Pero finalmente sentí alivio. Y venganza. Quizás, de ahora en más, parlantes, monitores o directamente un tyranosaurus rex se fagociten de un bocado a cualquiera que apenas amague con comenzar el "perreo". Y será justicia.
Perdón Ricky, pero tu desaparición habrá servido de algo.
4 comentarios:
UAJAJAJAJJAJAJA
Grandioso mallllllllllllll
me meo....literalmente me meo de la risa!!!!
jajaja...me alegró la mañana leer esto...jajajajaj
Hilarante!!!!!!!
Yo tambien siento asco viendo cierta gentuza danzar así!
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