15 de enero de 2010

LLUVIA DE PEYOTE

El histriónico Dr. Malvestein ataca otra vez.
Y los pibes, dados vuelta como una tortilla, en el medio del desierto.

Ahi están, ellos son, con sus cabezas incandescentes. En llamas. Y todo se tiñe de naranja, inclusive el horizonte.
Una postal borrosa pero perfecta, en lúgubre armonía.
Visto desde la ruta, los tipos parecen inmersos en una danza tribal endemoniada. Se mueven como niños, de la mano, y forman un círculo a los saltos; tipo "ronda". Papa Doc los contempla a un costado, preparándo vaya a saber uno qué, en un tubo finito y largo.

Esto es el Mojave, brother. Ahora se complica, y en ese estado mental, es imposible el coming back home.

Pero de repente todo se fue al carajo.........literalmente al carajo.

Mi amigo JC me escupió la historia detalladamente, con esa forma tan particular que tenia de "ponerte ahí" cuando te contaba algo. Te metía en la experiencia. Lo vivías con él. Te llevaba de un brazo y luego volvías al sofá...si podías.

Resulta que uno de los cuatro, y no justamente el mas temeroso, se salió del rito agarrándose la cabeza mientras gritaba hasta quedarse sin respirar. Y volvía a empezar. Pobre Teddy, es como si lo estuviese viendo.

"Uuuyy Dios..le pegó mal..." fue lo primero, y lo único brillante que pensó JC en ese momento.

Pero no tuvo tiempo para más, porque en un instante fulminante, se encontró con el propio Teddy encima de él, clavándole todo el filo de su brillante dentadura en el hombro derecho.
Y me jura, me jura por su vida JC, que nunca, jamás, había sentido un dolor igual. Era lacerante.
En ese mismo momento se larga un diluvio infernal. Baldazos de agua caliente en el medio de la nada. Cuando llueve en el Mojave son sólo cinco minutos.....pero con furia.
Y Teddy todavía ahi, enganchado a JC, masticándole el brazo como una piraña.

La imagen era sublime: su amigo, su co-worker, el impenetrable Teddy Farrell, ahora desmayado sobre la tierra húmeda, bajo la lluvia espesa, con los ojos desorbitados y la boca llena de sangre. Su sangre.

Nadie se movía, salvo el Dr Malvestein (o Papa Doc, como se hacia llamar en confianza) que lloraba como un niño, quizás sintiendose culpable por haber planeado el trip. Pero JC fue el instigador de la cosa, el que convenció a los demás, y ahora todo se volvía en su contra. El dolor ya le llegaba hasta los dedos.

Teddy tardó una hora en despertar. Y apenas lo hizo, empezó a cantar algo indescifrable casi susurrando, como repitiendo un mantra, hasta llegar a Los Angeles.
A los demás, el estado en el que estaban apenas les permitia balbucear.
Durante esa hora, eterna, todos pensaban que probablemente Teddy se estaba muriendo. Se sacudía como un pez fuera del agua y algo tipo gelatina le salía de la nariz.

El regreso a la ciudad fue en silencio, ya era de noche y JC manejaba con la herida abierta. Nadie se ofreció a tomar el volante. Y si alguien lo hizo, él no lo escuchó.

Durante un par de dias,  JC le dijo a todo el mundo (incluyendo al medico del hospital) que había sido atacado por un lobo. Estaba absolutamente convencido que eso fue lo que habia ocurrido.

Teddy tardó una semana en volver al trabajo. Se quejaba con su mujer porque veía "pequeños insectos" en la almohada y justamente por eso, decidió que debía dormir en el baño.
Odíó cada minuto del momento en que aceptó ir al desierto, con un tipo de rastas naranjas al que le dicen Papa Doc y, fundamentalmente, odió mas que nada haber tomado ese maldito polvo de cactus.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Guauuu...me gusto...mucho

Anónimo dijo...

¡heavy "mental"! /\ que buena historia. LL

Unknown dijo...

uff pego tanto que pensaron que llovía en el desierto, no pueden tener tanta suerte de ir un lugar que caen 2 mm por año y justo cuando están danzando con el peyote... Eso es estadísticamente mas increíble que la mordida de lobo.