La anécdota como tal no existe. Pero la analogía confirma la extraña y compasiva actitud que tenemos los humanos ante situaciones que, simplemente, nos "disgustan".
Me refiero específicamente a "situaciones" generadas, de manera lineal, por la estupidez del prójimo.
O escondemos la cabeza bajo tierra o reaccionamos como primates. No parece haber término medio.
La adaptación sin titubeos a la fresca realidad no es algo simple de deglutir, especialmente cuando ésa realidad está infestada de imberbes. Y entonces, solamente intentar llegar a cierto grado de evolución nos permitirá ignorar la idiotez ajena.
Para soportar, habrá que recorrer sutilmente el largo camino de la sabiduría; el que creemos saber donde empieza y el que, efectivamente, suponemos, jamás termina.
Que es lo correcto, lo que se debe "hacer", cuando alguien te tira el auto encima? Sacar un chumbo de la guantera, putear al conductor a los gritos, o ponerte a rezar?
Lo primero daría resultados instantáneos pero con consecuencias terribles, lo segundo es solo una (válida) descarga y lo tercero es miedo en estado puro.
Y entonces?
Ignorá al forro ése y segui tu camino, porque cualquier otra cosa es tiempo perdido. Ese tipo, seguramente, al repetir esa maniobra con otras "victimas", finalmente se estrolará contra un semáforo y se hará mierda tal como merece.
Por ahora, no he recibido ningún llamado divino ni mensaje de cualquier índole que indique que debo ser yo el encargado de impartir justicia. Es demasiado trabajo para una sola persona. Y no es remunerado.
Pero resignarse a convivir con la idiotez del otro es como tener un tigre de mascota: finalmente, y cuando pienses que todo está bajo control, te comerá la cabeza de un saque. Creérnos figurines tipo zen tambien conlleva un peligro. El peligro de contribuir de manera inconciente a la supervivencia inútil del idiota eterno.
Hay algunos casos de pelotudez extrema donde, lamentablemente, la honorable tarea de ignorar es imposible; se debe uno allí colocar los guantes blancos y destruir intelectualmente al imbécil de manera fulminante. Y si no quedan huellas, mejor.
Estas excepciones se deben, básicamente, a que no podemos ser tomados por indolentes existenciales. Sin actuar, el mensaje no llegará a destino.
Pero en general, ignorar a los idiotas e ignorantes es, cualitativamente, la opción mas recomendable para uno mismo y la que suele enseñarles a ellos la mejor lección.
Y hacemos lo que podemos...
3 comentarios:
el camino del samurai, querido bob.
esto es rampant...
Tratá de encontrar refugio en la religión, ofrecele el otro costado de tu auto.
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